Diferencia y complementariedad entre el hombre y la mujer. Habla el Papa Francisco

cq5dam.web.800.800México, Distrito Federal a 16 de mayo de 2015 (Voces Católicas/Redacción). El pasado 15 de abril en la audiencia general ofrecida por el Papa Francisco dirigió este mensaje, el cual no fue replicado por los medios de comunicación debido a que en el su santidad puso el punto sobre la i en este tema polémico.

Aquí lo publicamos integro:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy está dedicada a un aspecto central del tema de la familia: el gran don que Dios hizo a la humanidad con la creación del hombre y la mujer y con el sacramento del matrimonio. Esta catequesis y la próxima se refieren a la diferencia y la complementariedad entre el hombre y la mujer, que están en el vértice de la creación divina; las próximas dos serán sobre otros temas del matrimonio.

Iniciamos con un breve comentario al primer relato de la creación, en el libro del Génesis. Allí leemos que Dios, después de crear el universo y todos los seres vivientes, creó la obra maestra, o sea, el ser humano, que hizo a su imagen: «a imagen de Dios lo creó: varón y mujer los creó» (Gen 1, 27), así dice el libro del Génesis.

Y como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en muchas formas de vida, en la larga serie de los seres vivos. Pero sólo en el hombre y en la mujer esa diferencia lleva en sí la imagen y la semejanza de Dios: el texto bíblico lo repite tres veces en dos versículos (26-27): hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no sólo el hombre en su individualidad es imagen de Dios, no sólo la mujer en su individualidad es imagen de Dios, sino también el hombre y la mujer, como pareja, son imagen de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.

La experiencia nos lo enseña: para conocerse bien y crecer armónicamente el ser humano necesita de la reciprocidad entre hombre y mujer. Cuando esto no se da, se ven las consecuencias. Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos mutuamente. Podemos decir que sin el enriquecimiento recíproco en esta relación —en el pensamiento y en la acción, en los afectos y en el trabajo, incluso en la fe— los dos no pueden ni siquiera comprender en profundidad lo que significa ser hombre y mujer.

La cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertades y nuevas profundidades para el enriquecimiento de la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo. Por ejemplo, yo me pregunto si la así llamada teoría del gender no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Sí, corremos el riesgo de dar un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia, en efecto, es el problema, no la solución. Para resolver sus problemas de relación, el hombre y la mujer deben en cambio hablar más entre ellos, escucharse más, conocerse más, quererse más. Deben tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida. El vínculo matrimonial y familiar es algo serio, y lo es para todos, no sólo para los creyentes. Quisiera exhortar a los intelectuales a no abandonar este tema, como si hubiese pasado a ser secundario, por el compromiso en favor de una sociedad más libre y más justa.

Dios ha confiado la tierra a la alianza del hombre y la mujer: su fracaso aridece el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Las señales ya son preocupantes, y las vemos. Quisiera indicar, entre otros muchos, dos puntos que yo creo que deben comprometernos con más urgencia.

El primero. Es indudable que debemos hacer mucho más en favor de la mujer, si queremos volver a dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario, en efecto, que la mujer no sólo sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, una autoridad reconocida, en la sociedad y en la Iglesia. El modo mismo con el que Jesús consideró a la mujer en un contexto menos favorable que el nuestro, porque en esos tiempos la mujer estaba precisamente en segundo lugar, y Jesús la trató de una forma que da una luz potente, que ilumina una senda que conduce lejos, de la cual hemos recorrido sólo un trocito. No hemos comprendido aún en profundidad cuáles son las cosas que nos puede dar el genio femenino, las cosas que la mujer puede dar a la sociedad y también a nosotros: la mujer sabe ver las cosas con otros ojos que completan el pensamiento de los hombres. Es un camino por recorrer con más creatividad y audacia.

Una segunda reflexión se refiere al tema del hombre y de la mujer creados a imagen de Dios. Me pregunto si la crisis de confianza colectiva en Dios, que nos hace tanto mal, que hace que nos enfermemos de resignación ante la incredulidad y el cinismo, no esté también relacionada con la crisis de la alianza entre hombre y mujer. En efecto, el relato bíblico, con la gran pintura simbólica sobre el paraíso terrestre y el pecado original, nos dice precisamente que la comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y la pérdida de la confianza en el Padre celestial genera división y conflicto entre hombre y mujer.

De aquí viene la gran responsabilidad de la Iglesia, de todos los creyentes, y ante todo de las familias creyentes, para redescubrir la belleza del designio creador que inscribe la imagen de Dios también en la alianza entre el hombre y la mujer. La tierra se colma de armonía y de confianza cuando la alianza entre hombre y mujer se vive bien. Y si el hombre y la mujer la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin lugar a dudas la encontrarán. Jesús nos alienta explícitamente a testimoniar esta belleza, que es la imagen de Dios.Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Argentina, Ecuador y otros países latinoamericanos. Queridos hermanos y hermanas, cuando el hombre y la mujer juntos colaboran con el designio divino, la tierra se llena de armonía y confianza. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.

Este domingo 17 de mayo es la GRAN MISION en la Arquidiocesis de Tlalnepantla

Mensaje Final de la XXXV Asamblea General Ordinaria del CELAM

celamNaucalpan, México. 15 de mayo de 2015 (Voces Católicas/Redacción) Reunidos para celebrar la XXXV Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano y de El Caribe (CELAM), en la ciudad de Santo Domingo, los días 12 al 15 de mayo de 2015 los obispos latinoamericanos emitieron el siguiente mensaje final, el cual ya fue firmado por el nuevo presidente del CELAM, el cardenal colombiano Cardenal Ernesto Rubén Salazar Gómez

De click Aquí para conocer el Mensaje Final de la  XXXV Aasamblea General Ordinaria del CELAM

Cardenal colombiano Rubén Salazar es el nuevo presidente del CELAM

CardenalRubenSalazar_ConferenciaEpiscopalColombia_150515El Cardenal Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá (Colombia) fue elegido nuevo presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) para el periodo 2015-2019.

El purpurado colombiano sucede en el cargo a Mons. Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla (México).

La elección del Cardenal Salazar se realizó en el marco de la 35° Asamblea General Ordinaria del CELAM que se desarrolla en Santo Domingo, República Dominicana.

Al respecto, el P. Pedro Mercado, Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), señaló a Aciprensa que esta elección “se trata sin duda de una nueva manifestación de confianza del episcopado latinoamericano hacia el Cardenal Salazar que posee, sin duda, las dotes intelectuales y pastorales necesarias para contribuir enormemente a la importante misión que el CELAM cumple en favor de nuestras iglesias”.

El Arzobispo de Bogotá nació el 22 de septiembre de 1942. Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1967 y recibió la ordenación episcopal el 11 de febrero de 1992. El Papa Benedicto XVI  lo creó Cardenal en el consistorio del 24 de noviembre de 2012.

Ha sido presidente de la CEC en dos periodos: 2008 – 2011 y 2012 – 2014.

Es miembro del Pontificio Consejo Justicia y la Paz y de la Pontificia Comisión para América Latina.

Es el cuarto presidente del CELAM de nacionalidad colombiana. Entre 1979 y 1983 presidió esta institución el Cardenal Alfonzo López Trujillo, de 1987 a 1991 el Cardenal Darío Castrillón Hoyos; y de 1999 a 2003 Mons. Jorge Enrique Jiménez, actual Arzobispo de Cartagena

Información de Aciprensa