Opinión. (Cada autor es responsable).

Noveno y décimo

Por Pedro Miguel Funes

Los dos últimos mandamientos no se refieren a una acción externa de la persona o a sus palabras, sino a una realidad interior. “No desearás la mujer de tu prójimo” y “no codiciarás las cosas ajenas” son preceptos que imponen un límite al deseo y a la codicia, que siendo también deseo, suele indicar sobre todo el que se siente por las riquezas. Si no es con palabras o con acciones que lo manifiesten no es posible conocer el deseo de otra persona.

Si bien ya teníamos el sexto y el séptimo preceptos del decálogo, la adición de los últimos dos nos permite notar que para los seres humanos la raíz del comportamiento se encuentra en un movimiento interior de la voluntad. Cada uno necesita llegar a ser dueño de sí mismo para ser libre. El deseo de la mujer, o del marido si queremos completar, de otra persona, o de sus bienes, supone dos momentos interiores: el primero es una tendencia que se activa, por así decir, por la presencia de un bien hacia el cual se dirige, el segundo es la decisión ya propiamente voluntaria, de hacer propio aquel bien, a menos que un obstáculo externo lo impida.

El mandamiento cobra importancia en el paso a la decisión voluntaria. En efecto, el desorden moral se encuentra en la decisión, no en el sentir la atracción de un bien sensible, utilitario o estético. Entre ciertos animales gregarios, por ejemplo, es simplemente la fuerza la que decide qué individuo se queda con las hembras o con la mejor comida. El ser humano, en cambio, tiene la capacidad de descubrir la dignidad de sus semejantes y, por lo mismo, de subordinar sus impulsos a las exigencias de la justicia.

De por sí, de estos dos mandamientos no se derivan directamente leyes positivas, es decir, establecidas por la autoridad de la sociedad. Así, en los códigos penales no se encontrará una pena para castigar un delito que consista sólo en el deseo. Por eso, sólo cuando el deseo desordenado da lugar a una acción externa puede intervenir la autoridad pública si tal acción constituye una violación de la ley.

Lo anterior es muy razonable pero no significa que la disposición moral interior de las personas no posea relevancia social. Al contrario, el que exista una convicción interna de los miembros de una sociedad que les impone el aprecio y el respeto a los demás es de tal importancia que sin tal convicción no sería posible mantener el orden social, que en ese caso tendría que ser producto exclusivo de la fuerza pública. Por ejemplo, si todos los habitantes de un país pensasen que se permite robar siempre y cuando sea posible evadir la ley que lo prohíbe (“que no te cachen”), no habría policía ni ejército capaz de impedirlo.

En buena medida la solución a mediano y a largo plazo de muchos problemas se encuentra en el redescubrimiento de la dimensión moral de la convivencia social. Las leyes positivas, escritas en un código, son importantísimas y necesarias, pero resultarán siempre insuficientes si no existe la convicción interior y personal al menos de una buena parte de quienes debemos seguirlas.

Los “nuevos ateos” vistos por un filósofo ateo

Por Diego Contreras. De sus blog “La Iglesia en la Prensa”

“Las ideologías ateas han sido una parte integral de los regímenes totalitarios”, según subraya el filósofo John Grey en un largo artículo publicado en The Guardian, titulado “¿Qué asusta a los nuevos ateos?” El filósofo, que se declara él mismo ateo (pero no “ateo misionero”), rompe algunos lugares comunes de cierta publicística, como considerar que la violencia y la intolerancia proceden de las religiones, y que ciencia y ateismo van juntas.

Grey constata que aunque los ateos militantes busquen fundar sus valores liberales en la ciencia, en realidad ni la lógica ni la historia demuestra que existan esas conexiones entre ateísmo, valores liberales y ciencia. No hay razones, por tanto, para pensar que eso funcione hoy, como no funcionó en otras épocas: precursores ideológicos del nazismo, como el biólogo alemán Ernst Haeckel, muy hostil a la tradición judeocristiana, fundaron sus ideas en una supuesta ciencia y dieron lugar a valores tan poco liberales como el racismo y la eugenesia.

En realidad, aunque no lo quieran admitir, los valores liberales que profesan esos ateos (igualdad humana, autonomía personal) tienen su fundamento no en la ciencia sino en el monoteísmo. Es más: según Grey, el liberalismo moderno es la encarnación secular de la religión judeocristiana.

Como nota marginal: produce una cierta reconciliación con la actividad periodística comprobar el debate que ha suscitado un texto tan complejo como el de Grey, con más de tres mil quinientos comentarios y veinticinco mil “compatir” a través de las redes sociales.

La vida humana

Pedro Miguel Funes Díaz
Visión Social

(Publicado en Milenio el 23 de febrero de 2013)

La muerte de nuestros semejantes a causa de la violencia nos impacta grande y profundamente. Ningún logro científico o tecnológico, por grande que haya sido, puede hacer olvidar los millones de muertos de las guerras, genocidios, terrorismo, persecuciones y crímenes del siglo pasado. Nunca el hombre había llegado a tan grandes alturas en el conocimiento y en el dominio de las cosas, pero quizá nunca había caído tan profundamente en el vacío producido por el odio y el menosprecio de los demás.

Si el comienzo del nuevo milenio no parece haber cambiado sustancialmente la situación respecto al final del precedente, quiere decir que se necesita con urgencia hacer resonar a los oídos contemporáneos que la vida humana debe ser respetada y que un mundo de asesinos no puede ser sino un mundo infeliz y desgraciado. No en vano el quinto mandamiento establece “no matarás” como un límite moral imprescindible.

Las formas en las que en el mundo contemporáneo y globalizado se aparta de este mandamiento en el fondo son las mismas que siempre han existido, pero muchas veces acompañadas de ideologías y doctrinas que inducen al odio y a la violencia y que impiden a la conciencia de quienes así obran reconocer el grave daño que se comete.

El quinto precepto del Decálogo implica la condena moral del homicidio voluntario y del suicidio. Puede decirse además que el infanticidio, el fratricidio, el parricidio y el homicidio del cónyuge son particularmente graves por el tipo de vínculos que destruyen. También se condena el provocar indirectamente la muerte de una persona.

La ley moral exige que nunca se ponga a alguien en riesgo de perder la vida sin una razón verdaderamente grave. Por otro lado, obliga a asistir a una persona en peligro según las propias posibilidades. Está claro para todos que un homicidio involuntario, en cambio, no es moralmente imputable.

La vida humana debe ser protegida desde su inicio hasta su fin natural. Si existiera una etapa “no respetable”, nada habría para justificar el respeto de cualquiera otra etapa de la vida. En el aborto provocado voluntariamente se desconoce el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida y es por ello inaceptable. Tampoco la eutanasia directa, es decir el poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, es moralmente justificable (otra cosa es la interrupción de tratamientos extraordinarios o desproporcionados, que puede ser legítima).

Contra el quinto mandamiento atentan las acciones dirigidas contra la salud y la integridad, de los demás o la propia, como el comercio y el consumo de drogas, o como el secuestro y la mutilación. Cabe mencionar también que la vida humana exige ser respetada en las investigaciones y experimentos científicos.

Agredir con las armas a otros países o comunidades, provocar la guerra, usar el terrorismo, llevar a cabo campañas de exterminio por motivos políticos, económicos, religiosos u otros, recurrir al terrorismo, establecer leyes inicuas que permiten homicidios masivos… son acciones extremas contra el quinto mandamiento y constituyen la expresión de un mundo que aleja no solo de la fe, sino de la razón. Ojalá que lo cambiemos.

¿Un caso de imperialismo cultural?

De Diego Contreras.

Tomado de su blog LA IGLESIA EN LA PRENSA

Topic

Hace poco me alarmé cuando me supe que Hillary Clinton, como Secretario de Estado, dijo que el gobierno de Estados Unidos estaba comprometido a favor de todo lo que pudiera impulsar el programa de control de la población. Dijo que, en realidad, Estados Unidos sólo ayudaría a Nigeria a combatir “Boko Haram” si modificamos nuestras leyes relativas a la homosexualidad, la planificación familiar y control de la natalidad. Es muy claro que existe un imperialismo cultural”.

En estos tiempos de forzada ortodoxia a los dictados de lo políticamente correcto, no viene mal de vez en cuando leer a gente que está por encima de tales hipocresías. Se leen con la sensación de quien hace algo casi clandestino. Eso es lo que me ha sucedido con una entrevista de la que procede el párrafo precedente. La publica Aleteia y el entrevistado es un obispo nigeriano, Emmanuel Badajo, de 53 años, nuevo presidente del área de comunicación del consejo de las conferencias episcopales de Africa y Madagascar (SECAM).

Junto a la referencia a los condicionamientos ideológico impuestos por la administración norteamericana, el obispo culpa de negligencia a los gobiernos nigerianos de los últimos 30-35 años, que han permitido que creciera el surtidor humano de dónde se alimenta el grupo terrorista “Boko Haram”: “se veía venir desde hace varios años. Cuando ibas al norte de Nigeria, incluso en los tiempos más pacíficos, verías montones y montones de jóvenes en las calles sin hacer absolutamente nada más que la mendicidad. Cualquier persona con una capacidad mínima para el análisis sabía que aquí había un problema”.

Y sobre los “nuevos derechos”, tan de moda en cierta mentalidad occidental, el obispo nigeriano aporta un poco de sentido común: “el mundo occidental afirma que todo derecho es un derecho humano, y que todo comportamiento debe tener la condición de derecho humano. Nosotros decimos que no. No todo el comportamiento humano tiene el estatus de un derecho humano. Hay derechos humanos, y hay comportamientos humanos. Pero no todo el comportamiento humano tiene ese estatus”. Es un razonamiento con el que creo que Aristóteles estaría de acuerdo.

Alemania, impuesto religioso y sacramentos

Texto y foto tomado del blog LA IGLESIA EN LA PRENSA

alemania.iglesienlaprensa

Cuenta el periódico Daily Telegraph que el nuevo rigor en la recaudación del impuesto religioso en Alemania está provocando una nueva sangría de fieles entre protestantes y católicos. Aunque todavía no hay cifras oficiales, para 2014 las bajas de católicos podrían rondar los 200 mil. En 2013 ascendieron a 178 mil y en 2012 a 118 mil. Como se sabe, en Alemania los fieles pagan obligatoriamente (a través del gobierno) un porcentaje de sus ingresos a su propia confesión religiosa. El único modo de no pagar es darse de baja como miembro de la Iglesia.

En los últimos tiempos, el gobierno está llevando a cabo una aplicación más estricta de una parte de la recaudación, la referida concretamente al “capital gain”, es decir, a los beneficios por la venta de acciones y otros productos financieros, que antes resultaba más fácil escamotear. Según refiere el diario inglés, aunque quien decide darse de baja de la Iglesia no puede ser excomulgado, los católicos que renuncian para evitar el impuesto religioso tienen impedido el acceso a la confesión y a la comunión, y también a la unción de enfermos, excepto en caso de peligro de muerte.

Se ha escrito mucho sobre el sistema de impuesto religioso vigente en Alemania, pero sigue llamando la atención que el acceso a los sacramentos dependa –en definitiva- del pago del impuesto. Sería hacer una fácil ironía constatar que aquí no se habla mucho de misericordia; que el episcopado alemán pone en primer plano el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar civilmente… y está poco preocupado –a juzgar por su impacto periodístico- por las decenas de miles de católicos a los que se les cierra el acceso simplemente por no pagar. Digo que es ironía fácil: supongo y deseo que las cosas no serán tan crudas.

El próximo Santo de EU será Fray Junipero Sierra. Texto del Obispo de Los Angeles, California, José H. Gomez

ObispoLosAngelesPublicado por ACIPRENSA. El próximo santo de los Estados Unidos será el hombre que evangelizó California y está asociado a la fundación de la ciudad de Los Ángeles.

La semana pasada el Papa Francisco anunció que tiene la intención de canonizar al Beato Junípero Serra, OFM, cuando venga a los Estados Unidos en septiembre.

Esta es una excelente noticia. Le agradezco al Santo Padre por este regalo a California y a todo el continente americano.

Me encantaría que el Papa viniera a Los Ángeles, lugar que el Padre Serra originalmente llamaba El Pueblo de Nuestra Señora de los Ángeles de la Porciúncula.

Pero el Papa dijo a los periodistas que probablemente celebrará la canonización en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, DC, ya que éste será un “evento nacional”.

Efectivamente, la canonización del Padre Serra será un hermoso día en la vida de nuestra nación. Será un día para recordar que nuestro estado y nuestro país — en realidad, todos los países del continente americano – nacieron de las misiones cristianas, y fueron construidos sobre fundamentos cristianos.

Será también un momento para reflexionar sobre los estrechos vínculos espirituales que unen a México, a los pueblos hispanos y a los Estados Unidos. Cuando el Padre Serra vino de España a México en diciembre de 1749, antes de venir a California recorrió a pie cerca de 300 kilómetros para consagrar su misión en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Su historia nos recuerda que en el plan de salvación de Dios, la primera predicación del Evangelio en este país fue llevada a cabo por misioneros españoles que venían desde México, bajo el signo de la Virgen de Guadalupe, la estrella resplandeciente de la primera evangelización de América.

Pero el anuncio del Papa también ha traído a la luz recuerdos difíciles y amargos sobre el tratamiento dado a los indígenas estadounidenses durante el período colonial y misionero de la historia de California.

La Iglesia ha reconocido y pedido perdón por la crueldad y los abusos de los líderes coloniales e incluso de algunos misioneros. La Iglesia ha reconocido también, con profundo pesar, que el proyecto colonial perturbó y, en algunos casos, destruyó formas de vida tradicionales.

San Juan Pablo II habló sobre esto en 1987, cuando visitó a California y al suroeste de Estados Unidos, y, nuevamente, durante el examen de conciencia que fue parte de la conmemoración de la Iglesia del año jubilar 2000.

No podemos juzgar actitudes y comportamientos del siglo 18 de acuerdo a los estándares del siglo 21. Pero las exigencias del amor evangélico son las mismas en todas las épocas. Y es triste pero cierto que, como dijo Juan Pablo II, al llevar el Evangelio al continente americano, “no todos los miembros de la Iglesia estuvieron a la altura de sus responsabilidades cristianas”.

En efecto, algunos cristianos, “en vez de ofrecer al mundo el testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, consintieron en modos de pensar y actuar que fueron verdaderos motivos de antitestimonio y escándalo”.

Pero este no fue el caso con el Padre Serra. Incluso los historiadores críticos admiten que él y sus compañeros misioneros fueron protectores y defensores de los indígenas ante la explotación colonial y la violencia.

El Padre Serra conocía los escritos y la experiencia del misionero dominico, Bartolomé de Las Casas, en América Central. Al igual que de Las Casas, el Padre Serra fue audaz y elocuente en la lucha contra las autoridades civiles para defender la humanidad y los derechos de los pueblos indígenas.

En mis propios estudios y reflexiones, he llegado a la conclusión de que el Padre Serra debería ser recordado junto a Bartolomé de Las Casas como uno de los pioneros de los derechos y del desarrollo humano en el continente americano.

Su memorando de 1773, o Representación, al virrey colonial de la Ciudad de México es probablemente la primera “declaración de derechos”, publicada en Norteamérica. En este documento, él propuso recomendaciones prácticas detalladas para mejorar el bienestar espiritual y material de los pueblos indígenas de California.

Criticó el cruel maltrato que recibían del comandante militar colonial e insistió en que el comandante fuera destituido de su puesto.

Para evitar abusos en el futuro, el Padre Serra exigió que los misioneros recuperaran la plena autoridad sobre la “formación, gobierno, castigo y educación de los indios bautizados y de los que serían bautizados en adelante”.

Tal política —concluyó— estaba “en conformidad con la ley natural”.

Los registros históricos confirman lo que el Papa Francisco piensa: que el Beato Junípero Serra fue un hombre de virtudes heroicas y de gran santidad, que tenía una única y ardiente ambición: llevar la Buena Nueva de Jesucristo a los pueblos del Nuevo Mundo.

Sean cuales sean las fallas humanas que haya tenido y los errores que haya cometido, no podemos cuestionar el hecho de que vivió una vida de sacrificio y de abnegación. Y murió aquí en California, después de haber dado su vida por amor al Evangelio y al pueblo que vino a servir.

La canonización del Padre Serra será una señal importante en esta nueva era de la globalización y del encuentro cultural. En nuestra misión continental de la nueva evangelización tenemos mucho que aprender del Padre Serra y de los primeros misioneros del continente americano.

Los misioneros de esa primera generación eran creativos, y fueron los primeros aprendices de las culturas y los pueblos indígenas que servían. Ellos aprendieron sus idiomas, costumbres y creencias. Y sembraron las semillas del Evangelio para crear una rica civilización cristiana, expresada en poemas y obras de teatro, en pinturas y esculturas, en canciones, oraciones, devociones, en la arquitectura e incluso en leyes y políticas.

Todo esto debería instruirnos e inspirarnos mientras avanzamos en este camino para llegar a ser la próxima generación de misioneros de California y del continente americano.

Por eso, recemos unos por otros esta semana, y démosle gracias a Dios por este don que nos hace en nuestro nuevo santo, Junípero Serra.

Y pidámosle a la Virgen de Guadalupe que nos ayude a seguir con su tarea, que también fue la de los primeros misioneros de América, de llevar a Jesucristo a todos los hombres y mujeres, y de promover la justicia y la dignidad humanas.

Francisco y el nuevo ritmo en la promoción del matrimonio y la familia

laiglesiaenlaprensa.eventoPapa

Por Sergio Contreras

Del blog La Iglesia en la Prensa

No me esperaba uno de los comentarios que el Papa Francisco hizo ayer durante la inauguración (foto) de la conferencia interreligiosa sobre complementariedad entre hombre y mujer que concluye mañana en el Vaticano. En su breve discurso, el Papa dijo que “somos lentos” para comprender que también los ambientes sociales (y no sólo los naturales) corren riesgo y necesitan ser protegidos. Al hablar de lentitud, aplicada también a la cultura católica, me dio la impresión de que el Papa estaba introduciendo un nuevo ritmo en este ámbito (algo que, por otra parte, desmiente el presunto desinterés del Papa por estas cuestiones…).

El contexto era la situación crítica que el matrimonio y la familia experimentan más o menos en todo el mundo, y la necesidad de promover una ecología humana. La idea, me parece, es que hay cosas que se deslizan cuesta abajo si no se toman medidas para evitarlo (algo saben de esto, por los aluviones, en la región italiana de Liguria). Son nuevos y viejos problemas que dependen de las nuevas situaciones y ritmos de vida que afectan a la familia, y también –no se puede ocultar- de planteamientos ideológicos o de intereses económicos y de poder. La invitación del Papa ha sido mirar a esa realizad sin prejuicios ideológicos. Es ridículo hablar de familia progresista o de familia conservadora…

Que el matrimonio y la familia no pueden encasillarse en esquemas ideológicos (de vida efímera, añadió el Papa), sino que responden al modo de ser humano, ha quedado de manifiesto durante estos días de congreso vaticano. También, que promover la salud del matrimonio y de la familia no es un “tema católico” (aunque la doctrina católica sea particularmenrte elaborada y sólida en este campo). Ha sido llamativo escuchar la sintonía de fondo que, sobre estos temas, compartían las numerosas tradiciones religiosas y culturales presentes en el aula del sínodo, ocupada por uno días no sólo por speakers de ámbito eclesiástico católico (una minoría), sino por ministros de otras confesiones cristianas, musulmanes, hebreos, monjes budistas e hindúes, además de expertos y académicos en cuestiones de matrimonio y familia.

La Base antropológica

Por Padre Pedro Miguel Funes*

Columna Visión Social.

Suelen debatirse hoy en día diversos temas de importancia social. Algunos de ellos, como el del “matrimonio” de personas del mismo sexo, el aborto y los anticonceptivos, poseen un cierto denominador común, que consiste en hacer referencia de una u otra manera a un instinto fundamental. Sin embargo, un punto principal en la reflexión sobre ellos, y sobre muchos otros, lo deberíamos encontrar en la característica esencial del hombre, es decir, en que por ser racional, su comportamiento no se dirige solamente por los instintos básicos.

En otras palabras, más allá del mero instinto de conservación o del instinto sexual, el ser humano es capaz de descubrir la verdad y la justicia, y de reconocer sobre todo la dignidad personal propia y de sus semejantes. El hombre hasta cierto punto es como los animales, o mejor dicho, es un animal, pero al mismo tiempo es distinto de todos ellos por una nota propia y exclusiva en el mundo visible.

Así, los temas citados no pueden entenderse adecuadamente si la base antropológica con la que se abordan no reconoce que cada ser humano es una persona con derechos y deberes que rebasan el ámbito de los impulsos biológicos e incluso psicológicos. El hombre posee una capacidad de conocer la verdad y amar el bien, trascendentes captar su universalidad y comunicarse con sus semejantes al respecto de ellos.

Dejando de lado otras consideraciones propias de cada uno de los temas que mencioné antes, se puede observar cómo actualmente para muchos el aborto se convierte en la última salida para evitar las consecuencias de un acto, después de que han fallado los anticonceptivos, que a su vez son una salida para evitar la continencia que exigirían los métodos naturales. Por otra parte, las uniones del mismo sexo legitimarían el uso del mismo en lugar de una exigencia de castidad, considerada imposible.

La cuestión que se suscita es si como seres humanos somos incapaces de conocer y querer más allá de los límites biológicos que se nos presentan, o si, en cambio, podemos mirar más profundo en el mundo y en nuestra íntima realidad y dignidad y, al mismo tiempo tender más alto en nuestras aspiraciones. En realidad no nos bastan nuestros instintos para realizarnos como hombres y mujeres, porque nuestra naturaleza no es simplemente zoológica, por más Si en aras de la libertad se pretenden justificar las escapatorias para dar rienda suelta a los instintos, resultaría que se usaría un valor, el de la libertad, que va más allá de la condición biológica para afirmar que lo biológico es lo que debería regir el comportamiento humano. En efecto, la libertad es un valor comprensible solamente si se encuadra en el contexto de una humanidad capaz de trascender, de una humanidad que conoce y ama la verdad y el bien.

Quienes tenemos fe tenemos la confirmación de la dimensión trascendente de la persona humana en la revelación que Dios nos ha hecho, pero aún quien no es creyente puede descubrir esa dimensión por medio de su razón. En efecto, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo se encuentran muchos ejemplos de justicia, verdad, amor y libertad.

*Publicado con autorización del autor. Su columna se publica todos los lunes en Milenio.com

————————————————————————–

Las grandes ausentes del sínodo, las familias neocatecumenales

Ninguna de ellas ha sido admitida a hablar. Y, sin embargo, son las más comprometidas en poner en práctica el modelo de matrimonio católico. Un documento reservado del vértice del Camino, como comentario al sínodo

Del blog de Sandro Magister

ROMA, 13 de noviembre de 2014 – En el intervalo entre los dos sínodos convocados por el Papa Francisco sobre el tema de la familia todos se han apresurado a tomar la palabra.

Por lo tanto, también quienes en el primero de los dos sínodos, de octubre pasado, no pudieron hablar en el aula porque no fueron invitados.

En especial, ha causado sensación la forzada ausencia del sínodo del instituto pontificio que tenía más puntos para participar en él:

> Pontificio Istituto Giovanni Paolo II per Studi su Matrimonio e Famiglia

Se ha notado menos, en cambio, la falta de invitación a exponentes de otras realidades católicas, algunas de ellas fuertemente comprometidas en traducir a la vida concreta la visión cristiana de la familia.

Una de estas realidades es el Camino neocatecumenal, fundado en España en los años sesenta por los laicos Francisco “Kiko” Argüello y Carmen Hernández y actualmente presente con sus comunidades en casi todos los países del mundo, con numerosos sacerdotes formados en un centenar de seminarios, con el apoyo de muchos centenares de obispos y compuesto sobre todo por familias, la gran mayoría de las cuales con un elevado número de hijos y a menudo dispuestas a ir a misión a las regiones más perdidas, y a veces hostiles, del globo.

El Camino neocatecumenal ha estado muchas veces en las crónicas por las críticas y los conflictos intraeclesiales provocados por sus liturgias, muy particulares, desde los bautismos a las misas celebradas con un ritual “creativo”, que se separa en varios puntos del ordinario de la Iglesia latina:

> Esa extraña misa que el papa no quiere (11.4.2012)

Pero en realidad, lo que más distingue al Camino de otros movimientos eclesiales, y del conjunto de los fieles, es la centralidad que tiene en él la familia, teorizada y vivida en perfecta obediencia con el magisterio de la Iglesia de siempre, pero en particular de los últimos Papas, incluida esa encíclica “Humanae vitae”, ignorada y desobedecida por la mayoría de los católicos con la complicidad general del clero, pero no por los neocatecumenales, visto el gran número de hijos que suelen tener.

No sorprende, por lo tanto, que el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia haya otorgado en 2009 a Kiko, fundador del Camino,  el título de doctor “honoris causa” precisamente por su compromiso en apoyo del matrimonio cristiano.

Sin embargo, poco o nada se sabe en público sobre cómo los líderes del Camino “educan” a las familias que forman parte de sus comunidades.

Y nada se había filtrado hasta ahora sobre lo que ellos piensan respecto a las cuestiones debatidas en el sínodo.

De hecho, es una praxis constante del Camino proteger de la observación externa lo que se dice y se hace dentro de sus comunidades.

Lo que sigue a continuación, por ejemplo, no es un documento público. Es el extracto de una catequesis de uso interno, impartida por don Mario Pezzi – el sacerdote que, con Kiko y Carmen, forma parte del trío que está al vértice del Camino –, en una de las periódicas “convivencias” formativas para los cuadros del movimiento, realizada en Porto San Giorgio el pasado 25-28 de septiembre, pocos días antes del inicio del sínodo.

El texto íntegro de la catequesis de don Pezzi – tanto en versión escrita como oral, esta última con intervenciones improvisadas de Kiko –  está incluido en el detalladísimo resumen de la “convivencia”, de uso interno. Pero basta esta síntesis para captar la importancia de la misma.

Los fautores de innovaciones en materia de matrimonio católico no podrán ignorar fácilmente esta poderosa voz contraria.

__________

EL PAPA FRANCISCO Y EL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA

de Mario Pezzi

El famoso y criticado informe del cardenal Kasper tiene cinco puntos y sólo uno trata de la comunión a las personas que se han vuelto a casar; los otros tratan todos de la doctrina tradicional de la Iglesia. El Papa dijo una vez: estoy sorprendido porque la prensa habla sólo de un punto y no habla de los otros. Por esto les invito a no prestar atención a lo que dicen los periódicos y la televisión, porque todos presionan para que el Papa tenga una apertura al mundo. No den crédito. Muchas veces el padre Lombardi ha tenido que replicar sobre palabras del Papa que han sido malinterpretadas e instrumentalizadas.

En esta catequesis no afrontaremos los temas más candentes; los dejamos a los padres sinodales y al Papa. Hablaremos de la ideología de género, de la familia cristiana a la luz de la revelación divina y, por último, de la “Humanae vitae” de Pablo VI, que fue muy contestada y rechazada, pero que el Papa Francisco ha querido relanzar.

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

El Papa Benedicto XVI, con  ocasión de la felicitación por la Navidad a la curia romana, en 2012, pronunció un discurso histórico, afirmando que hoy nos encontramos frente a un cambio de época, similar al que aconteció en el tiempo de la caída del imperio romano y de la invasión de los pueblos bárbaros. Se están rompiendo los fundamentos de la sociedad, de la civilización católica.

También el Papa Juan Pablo II dijo en Fátima, en 1982: “Lo que en el pasado era considerado pecado, hoy ha adquirido derecho de ciudadanía”.

En la historia ha habido muchos ataques a la familia cristiana. El último y virulento asalto está representado por la denominada ideología de género.

Poderosos lobbies están imponiendo dicha ideología como una dictadura. Entre las raíces filosóficas que han generado este monstruo que está amenazando a nuestras familias, sobre todo en las escuelas, está el marxismo.

En Marx, la tesis que la esencia del hombre es la de poder crearse a sí mismo está vinculada a la superación de los géneros sexuales y a la destrucción de la familia.

El debate sobre el género se trasladó después, sobre todo, a los Estados Unidos, donde la idea de que los sexos son dos ha sido completamente superada. De dos géneros se ha pasado a cinco: hombre, mujer, homosexual, lesbiana y transgénero. Pero coherentemente con el planteamiento antinaturalista, puesto que el hombre puede crearse a sí mismo, se ha llegado a 17 géneros. Hay incluso quien hoy cuenta hasta 51; y suma y sigue.

La teoría del género revela además su origen gnóstico. Para la gnosis el enemigo no es el sexo en sí mismo, sino el sexo en cuanto procreación, porque hacer nacer a niños significa contribuir a la obra creativa del dios malvado.

Se ha descubierto que el feminismo radical está íntimamente vinculado al culto satánico. Cuando se le ha preguntado al Papa Francisco sobre estas agresiones, ha dicho: son fruto del demonio y de su deseo de destrucción.

El mito de la superación de los géneros se encuentra también en las formulaciones gnósticas de la masonería que, en los grados más altos de iniciación, tiene a la adoración del demonio representado con rasgos andróginos.

La teoría del género implica una completa redefinición antropológica de la esencia humana. El intento del hombre de ocupar el lugar de Dios.

Tiene sus orígenes históricos en la planificación antinatalista iniciada a partir de los años Sesenta, con la propaganda sobre los anticonceptivos y el aborto y la campaña de utilización de la píldora RU 486.

Cuando la conferencia episcopal de los Estados Unidos adoptó la fórmula “family planning”, que quiere decir planificación familiar, el Vaticano intervino para que la cambiase. Porque es engañosa. El cristiano no planifica.

¿Qué dice la Iglesia de esta ideología de género? El Papa Benedicto XVI ha dicho, citando al gran rabino de Francia, Gilles Bernheim:

“El hombre niega su propia naturaleza. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo. En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Pero, en este caso, también la prole ha perdido el puesto que hasta ahora le correspondía y la particular dignidad que le es propia. Bernheim muestra cómo ésta, de sujeto jurídico de por sí, se convierte ahora necesariamente en objeto, al cual se tiene derecho y que se puede adquirir. Allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo”.

LA FAMILIA A LA LUZ DE LA REVELACIÓN DIVINA

La exhortación apostólica “Familiaris consortio”, escrita por el Papa Juan Pablo II al finalizar el Sínodo sobre la Familia de 1980, sigue siendo actual. Como también lo es esa bellísima exhortación apostólica “Sacramentum caritatis” del Papa Benedicto XVI, que dice: “La eucaristía corrobora de manera inagotable la unidad y el amor indisolubles de cada Matrimonio cristiano”.

Por esto el matrimonio es indisoluble. El Papa Francisco ha dicho claramente que él no va a cambiar la doctrina de la Iglesia como dicen o como quieren que diga, porque lo que Dios ha unido el hombre no puede separarlo. La Iglesia no tiene el poder de hacerlo. El vínculo conyugal está intrínsecamente relacionado con la unidad eucarística entre Cristo esposo y la Iglesia esposa, un amor que tiene su punto culminante en la Cruz, expresión de sus “esponsales” con la humanidad y, al mismo tiempo, origen y centro de la eucaristía.

No existe amor sin la cruz. Por consiguiente, “hacer el amor”, como dicen los jóvenes, es una pura falsedad. No se trata de amor, sino de concupiscencia, de atracción, etc. Por esto la Iglesia pide no tener relaciones antes del matrimonio, porque se llega a un determinado punto en el que ya no se es libre. Me acuerdo de uno de nosotros que al inicio del camino nos vino a decir que había decidido dejar a su chica. Les dijo a Kiko y a Carmen que ella había amenazado con matarse y había intentado el suicidio ya tres veces. Les preguntó: ¿qué tengo que hacer? Kiko y Carmen le respondieron: dile que se puede suicidar como quiera, Dios proveerá. La dejó, ella no se suicidó y hoy él está felizmente casado. El chantaje es fácil.

ACTUALIDAD DE LA “HUMANAE VITAE”

Gracias a Dios el Papa Francisco ha incluido la “Humanae vitae” en el cuestionario presinodal y ha preguntado qué piensa la gente de ella. El resultado ha sido que muchos no la conocen porque los sacerdotes no les han hablado de ella; y entre los que la conocen, muchos la rechazan. Los únicos que la aprecian son los que hacen un camino de fe, de iniciación cristiana. Este es el problema, en mi opinión, de este sínodo: casi nadie habla de la necesidad de la iniciación cristiana. Sólo hablan de estar cerca de las parejas, de ayudarlas, de formar educadores…

El 25 de  julio de 1968 Pablo VI, beatificado al final del sínodo, publicó la encíclica “Humanae vitae” tras haberse comprometido a ello con los padres conciliares.

Cito de un libro sobre ese Papa publicado hace poco, muy bien documentado, preparado por el Instituto Pablo VI con sede en Brescia para la causa de beatificación:

“¡Cuánto lodo vertieron sobre esa encíclica y sobre Pablo IV los que querían imponer la propia visión del mundo progresista-nihilista! Un año antes ya se había buscado, y  creado, un clima de tensión cuando en abril de 1967 se había publicado uno de los documentos de la pontificia comisión que Juan XXIII había instituido en marzo de 1963 y que Pablo VI había ampliado para que, junto a teólogos, redactores del texto, hubiera voces de demógrafos, de sociólogos, de economistas, de médicos y de algunos matrimonios.

“Ese documento, por su naturaleza reservado, salió contemporáneamente en Le Monde en Francia, The Tablet en Gran Bretaña y el National Catholic Reporter en los Estados Unidos de América. Se notaba la hábil dirección de una única mano que quería presentar el documento como el informe de la mayoría, sosteniendo que sólo cuatro de los setenta miembros de la comisión habían criticado el texto, algo que en cambio se reveló falso”.

Habiendo creado esta expectativa – como la están creando de nuevo ahora diciendo que el Papa Francisco admitirá la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar – todos esperaban que Pablo VI aprobase los anticonceptivos, la píldora, para disminuir la población. Así, cuando el Papa dijo la última palabra, que cada acto conyugal es unitivo y procreador, abierto a la vida, fue un escándalo general, no sólo en el mundo laico:

“No fue menor la incomprensión de muchos católicos, entre otros del cardenal Suenens y de varios teólogos famosos. A ellos se añadieron, con palabras desconcertantes por su dureza y hostilidad, ochenta y siete teólogos de la Catholic University de Washington, las conferencias episcopales austriaca y canadiense, como también algunos miles de católicos alemanes”.

“Lo que asombra es el eco que dieron los medios de comunicación a esas voces que disentían, respecto a las muchísimas adhesiones que se recibieron de toda la Iglesia mundial y que fueron, si no calladas, no siempre correctamente referidas por los órganos de prensa más importantes. Pablo VI no se dejó arrastrar por la polémica ni se dejó vencer por el desaliento y, a partir de la audiencia inmediatamente sucesiva a la publicación de la encíclica, el 31 de  julio, se dedicó a explicarla claramente y confirmó que la ‘Humanae vitae’ no custodiaba una declaración negativa, sino que quería ser ‘la presentación positiva de la moralidad conyugal respecto a su misión de amor y fecundidad, a la luz de una visión total del hombre, de su vocación terrena y eterna'”.

El Papa Juan Pablo II dedicó a la “Humanae vitae” las últimas quince catequesis de todo su ciclo sobre la teología del cuerpo, en 1984.

En lo que respecta al Papa Francisco, sabéis que hace unos domingos celebró el matrimonio de veinticuatro parejas. He estado muy atento escuchando la fórmula que ha utilizado. Porque en el ritual del matrimonio existe la primera fórmula, que es la utilizada por el Papa, pero hay otras que no son tan explícitas. Sería interesante saber cuál usan los sacerdotes. La primera fórmula dice:

“¿Estáis dispuestos a acoger con amor los hijos que Dios querrá daros y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?”

“Los hijos que Dios querrá daros”: no sé si esto lo dicen todos los sacerdotes.

[KIKO: Todo esto está bien cuando hay gente cristiana, pero cuando la gente no es cristiana no hacen ni caso de todo esto. Gracias a Dios vosotros nos habéis escuchado a nosotros, catequistas, cuando os decíamos lo que dice la Iglesia y habéis sido humildes y no habéis opuesto a nuestras catequesis las ideas de los periódicos. Carmen dijo una vez al Papa, hace años: ¿qué significa esta obsesión en favor de los métodos naturales? Parece que la Iglesia esté pensando únicamente en cómo limitar el número de hijos. Porque al final se pensaba esto, que la familia católica tenía que tener dos hijos, ni uno más. Algunos, también dentro de la Iglesia, siguen teniendo esta idea. Nosotros les decíamos a los de Acción Católica: y después, ¿qué hacéis? ¿Después de haber tenido dos hijos, como continuáis el acto conyugal? ¿Con la interrupción del coito? ¿Usáis métodos naturales? ¿La píldora? Por todas partes se ha predicado que la paternidad responsable significa limitar los nacimientos, por lo que se dejaba a la conciencia de los esposos el número de hijos. Esto se ha predicado por todas partes. ¿Pero el Papa ha dicho esto? ¡No! La paternidad responsable significa aceptar no limitar el número de hijos, significa aceptar el plan de Dios. Pero nadie ha repetido estas cosas dichas por el Papa. Gracias a Dios vosotros habéis sido salvados porque nos habéis obedecido a nosotros. Habéis seguido creyendo que el acto conyugal es un acto de santidad, de verdadero sacramento. Nos alegra ver que también nuestros hijos y nietos nos siguen en esto, tienen hijos y son felices].

LOS PORQUÉS DEL DOCTORADO “HONORIS CAUSA” A KIKO

Para terminar cito el doctorado “honoris causa” concedido a Kiko Argüello por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia.

En la “Laudatio academica”, el profesor José Noriega ha expuesto los tres motivos por los que el instituto ha querido dar este reconocimiento, podemos decir, al Camino neocatecumenal:

1. “El redescubrimiento de la fecundidad del bautismo para la vida de la pareja ha tenido uno de sus frutos más significativos en el redescubrimiento de la santidad del acto conyugal entre los esposos. Viéndolo como uno de los lugares donde Dios actúa, las parejas del Camino han querido vivir su amor con una apertura especial a la vida, sabiendo que son colaboradores de Dios en la generación de personas”.

2. “En un momento de crisis y de desorientación por parte de muchos, la acogida sin reservas de la encíclica profética de Pablo VI ‘Humanae vitae’ por parte de las familias del Camino ha sido un auténtico testimonio para toda la Iglesia, mostrando que más allá de nuestros miedos o dificultades es posible vivir según cuanto la Iglesia señala como específico del camino de santidad de la pareja”.

3. “Las familias del Camino neocatecumenal han entendido pronto, y adoptado, una forma de liturgia doméstica. De este modo, la gran misión de transmitir la fe a los hijos ha encontrado el ámbito propio del testimonio de los padres. Además, en el contexto de una espantosa secularización de ‘amplias zonas de la tierra, donde la fe está en peligro de apagarse como una llama que ya es alimentada’, el Camino ha sabido ‘hacer presente a Dios de manera singular’: hablo del gran testimonio de las familias en misión”.

Estas son las tres razones por las que nos han dado el doctorado “honoris causa”: la santidad del acto conyugal, la apertura a la vida siguiendo la “Humanae vitae”, la transmisión de la fe a la siguiente generación y las familias en misión.

A lo largo del Camino neocatecumenal, en las catequesis, os hemos dicho que la familia tiene, por así decirlo, tres altares: la santa eucaristía, el tálamo nupcial y la mesa familiar donde se transmite la fe a los hijos.

Es bueno subrayar que esta “Laudatio” se refiere a todas las Familias de las comunidades neocatecumenales, y no sólo a las familias en misión.

En lo que respecta a estas últimas, desde hace más de treinta años están dando la vida, a menudo en situaciones heroicas, para testimoniar el amor de Dios a través de su presencia y su apostolado, en el que a menudo los hijos son los primeros misioneros que atraen a los alejados de la Iglesia.

En los últimos años el Señor ha suscitado entre nosotros la misión “ad gentes”: núcleos familiares con muchos hijos, acompañados y sostenidos por un presbítero, un socio y algunas hermanas, que constituyen un punto de atracción en zonas totalmente paganas o descristianizadas. Una nueva forma de evangelización para el mundo de hoy, secularizado y pagano.

__________

El acto de entrega del doctorado “honoris causa” a Kiko, con la “laudario” del vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia y la “lectio magistralis” del premiado:

> Il Pontificio Istituto…

Todos los artículos de http://www.chiesa sobre el Camino:

> Camino neocatecumenal

__________

Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

Allí también donde Buda empuña la espadaOpiniónVc

Del Blog de Sandro Magister*

Es el caso de Myanmar, donde en nombre del budismo se persigue a quienes pertenecen a otros credos. O de Sri Lanka, que será meta del próximo viaje del Papa. Lo documenta el Informe 2014 de la Ayuda a la Iglesia que Sufre, sobre las violaciones a la libertad religiosa

por Sandro Magister

ROMA, 6 de octubre de 2014 – Nabucodonosor está siempre entre nosotros. Y quien no adora a su ídolo es arrojado a las llamas, como en el capítulo tercero del profeta Daniel.

El mismo día en el que se hizo público el informe 2014 sobre la libertad religiosa en el mundo, a cargo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, en Pakistán una multitud de cuatrocientos musulmanes enfurecidos agredió y arrojó a un horno ardiente a dos jóvenes esposos cristianos, Shahzad Masih, de 28 años de edad, y a su esposa Shama, de 25 años de edad, con cuatro hijos y a la espera de otro niño.

De los veinte países clasificados en el informe con el grado más elevado de violación de la libertad religiosa, quince tienen un régimen de gobierno musulmán, más Nigeria que está religiosamente dividida entre cristianos y musulmanes, aunque en ella señorea Boko Haram, una de las expresiones más sanguinarias del Islam radical. Sin contar a ese nuevo Estado islámico sedicente que se ha asentado entre Siria e Irak, sembrando muerte en nombre de Allah.

Pero el Islam no es la única religión que alimenta acciones de represión y persecución sistemática contra los otros credos.

Entre los 20 países con la más alta tasa de intolerancia está, por ejemplo, uno cuya religión dominante es el budismo: Myanmar.

Y el budismo es dominante también en un país con un nivel de intolerancia un poco inferior: Sri Lanka.

En Occidente el budismo es sinónimo de paz, compasión, sabiduría y fraternidad ecuménica, tal como sucede con su figura más universalmente conocida: el Dalai Lama.

Pero la realidad es muy diferente. La libertad religiosa está duramente reprimida no sólo en Myanmar y Sri Lanka, sino – aunque en menor medida – en otros países donde el budismo es dominante, como Laos, Camboya, Bután y Mongolia.

Sri Lanka será una meta del viaje que el papa Francisco ha puesto en agenda el próximo mes de enero.

Allí los budistas son el 70% de la población, los hindúes son el 12,6%, los musulmanes el 9,7% y los cristianos el 7,4%, la mayor parte católicos.

Durante veinticinco años, hasta el 2009, una guerra civil ensangrentó al país, con el gobierno central empeñado en domar la rebelión de los tamiles, en el norte de la isla.

Los tamiles son predominantemente hindúes, pero la guerra era más política que religiosa. Pero luego del cese del fuego, ha ido creciendo entre los budistas las tendencias más intolerantes, que en nombre de la identificación entre el budismo y la nación agreden y persiguen como enemigos a quienes pertenecen a otros credos.

El informe de la Ayuda a la Iglesia que Sufre proporciona una rendición de cuentas muy detallada de las violencias perpetradas entre el 2013 y el 2014 contra musulmanes y cristianos por parte de las organizaciones budistas más fanáticas, con el apoyo de hecho del gobierno central.

Y otro tanto hace, en el capítulo sobre Sri Lanka, el voluminoso “Libro nero della condizione dei cristiani nel mondo” [Libro negro de las condiciones de los cristianos en el mundo] publicado en estos mismos días en Italia y en Francia, a cargo de Jean-Michel di Falco, Timothy Radcliffe y Andrea Riccardi.

Pero el caso de Myanmar es todavía más grave, y por mucho. Allí el tímido florecimiento de la democracia que ha visto el ingreso al parlamento, en el 2012, de Aung San Suu Kyi, la indómita paladina de la libertad, no ha coincidido en absoluto con una disminución de la intolerancia religiosa, que incluso – escribe el informe de la Ayuda a la Iglesia que Sufre – “ha aumentado en proporción dramática con el ascenso del nacionalismo militan te budista”.

También aquí, como en Sri Lanka, conflictos remotos de carácter étnico se han transformado durante los años recientes en agresiones y persecuciones de naturaleza religiosa, por obra de organizaciones budistas fundadas y capitaneadas por monjes, además de las fuerzas armadas gubernamentales.

La persecución tiene en la mira particularmente a los musulmanes de la etnia Rohingya y a los cristianos de las etnias Kachin y Chin, en el norte del país, y de las etnias Karen y Karenni en el este. No se cuentan las mezquitas y las iglesias destruidas, las aldeas sometidas a hierro y fuego (ver foto) y las cientos de miles de personas obligadas a la fuga.

Se filtran noticias de torturas y de conversiones forzadas al budismo, también en personas de tierna edad, con escuelas instituidas para transformar a los alumnos de otros credos en pequeños monjes con la cabeza rapada y la túnica naranja. La importación de Biblias y libros religiosos es ilegal. A los no budistas les está impedida cualquier carrera en las administraciones estatales.

En Myanmar los budistas son el 80% de la población, los cristianos son el 7,8%, los musulmanes son el 4%. A estos últimos, de la etnia Rohingya, las autoridades del Estado de Rajine, en Myanmar occidental, les han impuesto no traer al mundo más de dos hijos por pareja.

__________

Entre los veinte países clasificados en el informe 2014 de la Ayuda a la Iglesia que Sufre con el grado más elevado de violación a la libertad religiosa hay doce que han registrado durante el último año un ulterior “empeoramiento”:

Irak
Libia
Nigeria
Pakistán
Siria
Sudán
Azerbaiyán
China
Egipto
República Centroafricana
Uzbekistán
Myanmar

La fundación de derecho pontificio que elaboró el informe:

> Ayuda a la Iglesia Necesitada

__________

El informe no niega que la represión de la libertad religiosa tenga en varios casos motivaciones principalmente políticas, étnicas o culturales. Pero sin ocultar jamás los casos en los que esto acontece en nombre de un credo particular contra los otros.

Este es sin duda el caso del Estado islámico en Irak y Siria.

La naturaleza religiosa, antes que política, de la atroz guerra lanzada contra los “infieles” desde el sedicente nuevo califato islámico ha sido confirmada también por la acreditada revista “La Civiltà Cattolica”, impresa con el control previo y la autorización de la Santa Sede, en un editorial del 6 de setiembre de 2014:

“Es crucial estudiar y comprender por qué y cómo combate el IS [el Estado islámico – ndr]. La suya es una guerra de religión y de aniquilamiento. Instrumentaliza el poder de la religión y no viceversa”.

Y también:

“La guerra de rasgos religiosos [del IS] es llevada al extremo también contra los musulmanes sunitas que no son ‘verdaderamente’ salafitas, incluidos los Hermanos Musulmanes, Hamas, los wahabíes sauditas y los yihadistas de al-Qaeda. Todos ellos son apóstatas, según el IS, porque no tienen como meta el califato mundial, sino a lo sumo Estados nacionales gobernados por la sharia”.

Increíblemente, el director de la “La Civiltà Cattolica”, el jesuita Antonio Spadaro, negó después que la revista haya identificado alguna vez como una “guerra de religión” a la guerra desencadenada por el califato:

“The article says that IS thinks it’s in a ‘war of religion,’ but WE must be on guard against thinking that way”.

Pero lo que está escrito permanece, a pesar de esta inconsistente desmentida, tal como se puede ver en el texto completo del editorial, en la página web de “La Civiltà Cattolica”:

> Fermare la tragedia umanitaria in Iraq

__________

Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

La seguridad pública

Por Padre Pedro Miguel Funes 

Publicado con autorización del autor

Son muchas las notas sobre hechos relativos a la seguridad en México. No son solo las noticias acerca de delitos cometidos, tambiéncomentarios sobre problemas más complejos y difíciles de resolver, porque es de una situación en la que confluyen temas como la corrupción de servidores públicos, narcotráfico y crimen organizado. A esto se suma la cuestión política, para alardear de los éxitos propios para disminuir los niveles de delincuencia o para desprestigiar al adversario señalando sus fracasos en la cuestión.

Es claro que el Estado, en sus tres niveles de gobierno, tiene como tarea proporcionar seguridad a los ciudadanos para que desarrollar actividades familiares, sociales, económicas, culturales, deportivas, etc. Para ello cuenta con la fuerza pública, de modo que, en la medida posible, se prevenga el delito y, si se comete, los delincuentes sean presentados ante autoridades judiciales, encargadas de impartir justicia.

Una categoría esencial en la seguridad de cualquier Estado es, la policía, pero… ¿Qué es lo que pensamos los mexicanos cuando se habla de la policía? ¿Qué efecto nos hace la palabra? Hay que reconocer que la cuestión comporta un serio contraste entre el deber ser y la imagen que a veces se encuentra. Se debería pensar en personas honestas, preocupadas por el respeto a las leyes, valientes y capaces de arriesgar su vida para proteger a los más débiles. Sin embargo muchos piensan en abuso de autoridad y corrupción, o al menos en personas sin preparación, tal vez ex delincuentes.

No tendría sentido un discurso maniqueo donde se defienda o se condene al policía mexicano en base a estereotipos. En cambio puede ser útil la necesidad de revalorizar la función policial apoyada en una purificación de las instituciones. Tener una buena policía requiere una decisión política que trascienda los límites partidistas y la lógica de ganar elecciones y acumular poder.

Una buena policía es algo de lo que el país, y el Estado de México, tienen necesidad. Pero esta meta no se puede alcanzar en el corto plazo. Los policías deben ser personas bien preparadas profesionalmente, por supuesto, pero aquí, la cuestión técnica, siendo importante, no es lo más importante. Los policías necesitan una preparación cultural y moral que les permita, más allá de manejar un arma, ver las cosas con sentido cívico, de servicio y de respeto y defensa de la dignidad humana.

Cuando se celebró el jubileo del año 2000 en Roma, un día fue dedicado a las fuerzas armadas y a la policía. San Juan Pablo II les dirigió un discurso hablando de estar con Cristo en la defensa de la justicia y de la paz. Diciendo que el mundo los necesita, invitaba a militares y policías a darles un sentido concreto y correcto. Les habló con gratitud de su empeño, recordando dramáticas situaciones que amenazan a la humanidad. Los confortó pidiendo que miraran la figura victoriosa de Cristo, juez de la historia, confiando en su constante asistencia.

Ojala que en México se comenzaran programas de mejoramiento y formación de la policía. Sí, esa sería una tarea de las autoridades, pero los ciudadanos podríamos, con todo derecho, ir poniendo las cartas sobre la mesa en este importante tema, puesto que somos finalmente los beneficiados o los perjudicados, según se decida.

HeaderGomez

El Evangelio de la familia

por  

Publicado por ACIPRENSA

Es sorprendente la manera como, en nuestro sofisticado mundo secularizado, se ha centrado la atención mundial durante las últimas dos semanas, en una reunión de obispos católicos con el Papa en Roma.

El Sínodo Extraordinario de la Familia, que concluyó el domingo, estuvo marcado por intensos debates y diferencias de opinión respecto a la perspectiva pastoral.

Y toda la cobertura y comentarios de los medios de comunicación nos muestran una vez más que la gente de nuestro tiempo está mirando a la Iglesia en búsqueda de la verdad, de orientación y de sentido a las cosas.

El interés popular por el sínodo es también una señal de que el matrimonio y la familia siguen siendo temas cruciales, incluso en nuestra cultura individualista.

Estas últimas dos semanas nos han mostrado que millones de personas de todo el mundo siguen creyendo que el estar casados y tener una familia son claves para encontrar felicidad personal, sentido de pertenencia y amor.

Así que este sínodo “extraordinario” sirvió el propósito que el Papa Francisco quería. Dio inicio a un diálogo abierto entre los pastores de la Iglesia y entre los fieles laicos, que preparará de una mejor manera a la Iglesia para el Sínodo “ordinario” sobre la familia que Francisco ha convocado para octubre de 2015.

Este año que viene, en preparación para ese sínodo ordinario, promete ser un momento emocionante y desafiante dentro de la Iglesia.

Estas dos últimas semanas han hecho que todos nosotros que formamos parte de la Iglesia seamos más conscientes de los desafíos que enfrentan las parejas casadas y las familias en el mundo de hoy.

¡Ahora vemos con más claridad que el mundo necesita escuchar el Evangelio de la familia!

Tenemos que ser misioneros de la familia. Tenemos que salir a la sociedad y ayudar a las personas a descubrir la santidad y la belleza de la sexualidad y del matrimonio dentro del plan amoroso de Dios para la humanidad.

De hecho, cada vez estoy más convencido de que el evangelio de la familia es un “mensaje” esencial que tenemos que compartir en la nueva evangelización de nuestra cultura.

Y nuestra evangelización puede empezar a partir de los sólidos cimientos que tenemos en la gran cantidad de familias buenas y sanas que existen en nuestras parroquias y escuelas.

¡En mis años como sacerdote y obispo, he ejercido mi ministerio entre tantas buenas familias!

Familias buenas en las que el esposo y la esposa están tratando realmente de vivir las enseñanzas de la Iglesia con fidelidad y alegría. Familias en las que los esposos están unidos por el sacramento del matrimonio y de la Eucaristía en una verdadera comunión de vida que los lleva a buscar ser fieles para siempre y estar abiertos al don de la vida. Familias en las que los hijos aprenden la alegría del Evangelio a través del ejemplo diario de sus padres de perdón amoroso, de generosidad y de cariño.

Estas familias son un testimonio hermoso y vivo de la verdad y el poder de las enseñanzas de la Iglesia.

Pero ningún matrimonio es perfecto y ninguna familia es perfecta. Todos los matrimonios y todas las familias se enfrentan con desafíos. El matrimonio requiere de mucho trabajo y lo mismo ocurre con la crianza de los hijos. Se necesitan valor, paciencia, fe y amor cada día.

Así que los esposos y las familias necesitan nuestro amor y nuestro apoyo. En la Iglesia, tenemos que seguir buscando nuevas maneras y nuevos ministerios para apoyar a las parejas casadas, con el fin de alentar y fortalecer a sus miembros en ese peregrinar que hacen juntos, tratando de crecer en santidad y amor.

Tenemos que fortalecer a las familias buenas y presentarlas como modelo para los demás, especialmente para los jóvenes. Tenemos que mostrarles a los jóvenes lo hermoso que es estar casados y formar una familia, lo hermoso que es tomar parte en el plan de Dios para la humanidad. Y necesitamos reforzar la preparación al matrimonio, buscando nuevas formas de preparar a los novios para que sean buenos esposos, esposas, padres y madres.

En este año que viene tenemos que intensificar también nuestros esfuerzos por ofrecer misericordia y comprensión, por apoyar a los que se están esforzando por salir adelante en situaciones familiares que son complicadas.

¡En todo esto, nuestro Santo Padre y el sínodo están tratando de ayudarnos a ser más conscientes de los desafíos que enfrenta la familia y de la urgencia de intensificar nuestro llamado misionero!

Por lo mismo, es providencial que el Sínodo haya concluido con la beatificación del Papa Pablo VI.

El Beato Pablo VI fue una voz profética en la Iglesia y en la sociedad. Él nos llamó a cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia, a hacer un nuevo compromiso con nuestro deber de evangelización. Nos llamó también a concientizarnos, de manera más profunda, de que a través del matrimonio y la familia cooperamos en los planes de Dios para la creación.

Por eso, esta semana, oremos intensamente unos por otros, y también por las parejas casadas y las familias.

Y pidámosle a la Sagrada Familia de Nazaret —Jesús, María y José— que nos acompañen y guíen, y que nos ayuden a trabajar por promover el matrimonio y la atención a las familias.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)
Mons. José H. Gómez

Arzobispo de Los Angeles, la arquidiócesis más poblada de Estados Unidos y el primer Arzobispo hispano en ocupar esta importante sede.

————————————————————————————————-

El “tímido” comunicado de la Conferencia del

Episcopado Mexicano.

Por Guillermo Gazzanini*

Ayer, el Consejo de la Conferencia del Episcopado Mexicano lanzó un “comunicado” sobre los lamentables hechos que han sido noticia desde hace un mes en el país. Firmado por el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Cardenal José Francisco Robles Ortega y el secretario general, Mons. Eugenio Lira Rugarcía, expresa el “dolor profundo” ante los acontecimientos “sucedidos en Ayotzinapa”, Guerrero, y manifestar la solidaridad de los prelados a las familias de los 43 desparecidos, expresar la “preocupación” por todas las formas de violencia, corrupción, actividad ilícita, nexos con el crimen organizado e impunidad y llamar la atención de las autoridades a fin de redoblar esfuerzos para encontrar a los estudiantes”.

Concluye con un llamado a la responsabilidad, no lucrar políticamente con este drama e invocar la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que “fortalezca a (las) familias, ilumine a las autoridades, convierta a los que hacen el mal y dañan a tantas personas, y nos asista a todos para que, unidos en la legítima diversidad, hagamos lo que nos corresponde en la construcción de una nación mejor”.

Palabras más o menos, el comunicado tímido y cauteloso que se suma a los pronunciamientos de los obispos de la Provincia de Acapulco, de otros arzobispados y diócesis que han condenado los hechos a través sus órganos de comunicación apelando a la solidaridad y oración, advirtiendo de la corrupción rampante y de lo absurdo de estas desapariciones. Pero el organismo central de la CEM llega tarde, a un mes de lo sucedido y a través de un austero “comunicado” para satisfacer la sed de noticia de la prensa en lugar de consolar e instruir a los fieles católicos del país.

Por otro lado, y tal vez por asociar a los normalistas de la Escuela rural “Raúl Isidro Burgos” de la localidad de Ayotzinapa, en el municipio de Tixtla, por lo que se conoce como “Caso Ayotzinapa”, el comunicado califica de reprobables los “acontecimientos sucedidos en Ayotzinapa” cuando es bien sabido que los estudiantes fueron sometidos y levantados no en esa localidad y sí por policías de Iguala. Tal vez impreciso por hacer coloquial el nombre donde se alberga la Normal de maestros, pero eso no es lo importante.

La Iglesia será un factor de contrapeso y determinante en el consuelo de muchos que padecen estos momentos de dolor. No podemos ignorar que, en el pasado, los obispos de México dirigieron notables y excelsas exhortaciones y Cartas Pastorales vibrantes de la unidad querida por Cristo para su Iglesia en momentos muy peculiares de la vida de nuestro atribulado país; sin embargo, quizá pese a muchos la decepción por este comunicado que no refleja mayor cosa que un discreto y hasta ¿timorato? llamado para unir la voz “a lo ya expresado por los Obispos de la Provincia de Acapulco, de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y muchos más”.

En noviembre próximo, la Conferencia del Episcopado Mexicano celebrará su Asamblea Plenaria. Quizá los prelados deben abandonar los formatos de machote y sea momento para emitir una Carta Pastoral contundente, exigente y firme, con ánimo de esperanza y de misericordia, más para instruir y consolar que para figurar en los encabezados de la prensa.

Publicado en el blog del autor

____________________________________________________________________________________________________________

SinodoFamiliaEL SINODO Y LA FAMILIA

Por Pedro Miguel Funes*

Recién terminó en Roma el Sínodo de los Obispos, que abordó el tema de la familia y que generó en comentarios diversos, a veces encontrados. Primero hay que decir que el Sínodo es una institución creada por el beato Pablo VI en 1965 con el fin de que los obispos se reunieran y mantuvieran vivo el espíritu de colegialidad había experimentado en el Concilio Vaticano II. Se trata pues de una reunión en la que obispos, reunidos con el Santo Padre, intercambian información y experiencias para buscar soluciones a los problemas que la Iglesia afronta en el mundo.

El Sínodo fue “extraordinario” en cuanto convocado de este modo fuera de la programación ordinaria. El Papa Francisco lo convocó y se llevó a cabo entre el 5 y el 19 octubre pasados. Suscitó mucho interés mediático principalmente sobre el argumento de la aceptación a recibir la comunión de los “divorciados vueltos a casar” y de las cuestiones sobre el tema de la homosexualidad.

El Sínodo de este año en realidad tiene como punto de referencia el que se realizará el próximo, sobre el tema “Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia”. La importancia social de la línea de la Iglesia en estos temas puede reconocerla cualquier persona, aun sin ser católica o cristiana, pues la guía de la Iglesia comporta un peso moral considerable en el mundo actual.

El Sínodo concluido nunca fue presentado como uno donde se abriera la posibilidad de cambiar la doctrina de la Iglesia relativa al matrimonio y a otros asuntos relacionados. Ningún participante expresó una idea de este género. El cometido fundamental fue la reflexión sobre cómo poder anunciar hoy el “Evangelio de la familia”. El documento final permite ver que sobre los temas “polémicos” con todo existe un sentir claro que no pretende modificar la doctrina sino encontrar medios para atender mejor a las personas y en ello hay varios puntos de vista.

El documento está compuesto de muchos otros párrafos que permiten ver el esfuerzo de entender cómo se encuentran las familias hoy en el mundo. Las situaciones varían de un país a otro, de un continente a otro, pero los padres supieron encontrar los puntos positivos y los problemas principales y esbozarlos sintéticamente. Señalaron, entre otras cosas, la responsabilidad del Estado para crear condiciones que garanticen a los jóvenes realizar sus proyectos de fundar una familia, la necesidad de defender y promover la dignidad de la mujer, el drama de la explotación sexual de los niños, la cuestión de la migración…

La siguiente etapa de trabajo apunta hacia el Sínodo del año que viene. Ahora los obispos con sus colaboradores, pero también los católicos laicos, deberán esforzarse en continuar la reflexión para responder con propuestas efectivas a los desafíos que recogen los puntos del documento final (“Relatio Synodi”).

Cuando finalice el Sínodo de 2015 se espera que el Papa redacte una “Exhortación Postsinodal”, en la que se recogerán conclusiones para orientar la acción de la Iglesia de modo que se pueda servir a las familias manifestando su misterio y la vocación a la que están llamadas. La fuerte connotación pastoral de este camino no se puede entender como un alejamiento o mucho menos como un conflicto con la doctrina, sino como el camino para vivirla.

*Publicado con autorización del autor, publicado también en milenio.com

  1. ClaustroAlbertoMagno

    Me parece que una solución para los divorciados y vueltos a casar es preparar “casas” especiales donde se reciba a la persona divorciada sola, sin ninguna de las 2 parejas, ni la antigua ni la nueva, donde pueda recibir visitas de sus hijos y viva con otros de su mismo sexo que también están en la misma situación y allí se les pueda dar Misa y todo, darles los sacramentos,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: