Pakistán, apelo de las religiones “a no hacer descarrilar la democracia”

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Una especie de ‘occupy’ en salsa musulmana, con la capital Islamabad paralizada por más de 20 mil manifestantes de dos partidos políticos de la oposición; una crisis política e institucional, con el primer ministro Nawaz Sharif acusado formalmente por un tribunal de homicidio; un país desestabilizado al borde de un conflicto civil: frente a este escenario, que se registra en Pakistán, país victima ya de la pesadilla del terrorismo, es urgente encontrar lo más rápido posible “la vía del diálogo y la brújula de la reconciliación”. Con este llamamiento, que hace a Vatican Insider el dominico padre James Channan, teólogo y director del ‘Centro por la Paz’ en Lahore –que trabaja a favor del diálogo interreligioso–, Channan se hace intérprete de los temores y de los auspicios de la Iglesia de Pakistán en una fase muy complicada de la historia reciente. 

 Junto a él, el Consejo de los Ulema del Pakistán, jefes de los 25 partidos islámicos, también éstos preocupados por la posible crisis que ve la capital ocupada desde el 14 de agosto (día de la fiesta de la independencia) por los seguidores de dos formaciones políticas contrarias al gobierno: el Pakistan Tehrik-i-Insaaf (Movimiento paquistaní por la justicia), liderado por el conocidísimo ex campeón de cricket Imran Khan; il Pakistan Awami Tehreek (Movimiento del pueblo paquistaní), dirigido por el predicador islamista Tahir ul-Qadri. Los dos piden la dimisión del primer ministro, que rechaza con indignación la hipótesis, y la disolución del Parlamento.

 El estancamiento dura desde hace dos semanas. Las protestas contra el gobierno han aumentado y miles de manifestantes están acampados en la llamada ‘zona roja’, donde está la sede del Parlamento, las embajadas y numerosas oficinas gubernamentales. Los observadores advierten: ¿qué pasará si el gobierno decide dispersar los manifestantes?

 También el poder judicial está dividido: la Corte suprema ha invocado una solución de compromiso, hasta ahora negada por ambas partes, entre amenazas y vetos cruzados. Un tribunal de Lahore tiene sin embargo formalmente abierta una investigación por homicidio contra el primer ministro Nawaz Sharif, su hermano Shahbaz Sharif, primer ministro de la provincia del Punjab, y otros 19 altos funcionarios gubernamentales. La magistratura investiga a propósito de la operación de la policía que acabó con un balance de 14 muertos y cien heridos pertenecientes al movimiento de Tahir ul Qadri, el pasado 17 de junio en Lahore, durante una manifestación en las calles. Desde entonces los ánimos se han caldeado y las posiciones se han vuelto más radicales.

Las religiones han entrado en el conflicto para decir “no” al abuso y mantener la democracia. Porque en una situación de alta tensión entre manifestantes y policía, un conflicto civil generalizado y un golpe militar están detrás de la esquina.

 Los ulema han llamado al orden en las mezquitas y mobilizado las madrase (escuelas islámicas) y la universidad a nivel nacional, para parar la crisis. El jefe del Consejo, Tahir Mahmood Ashrafi, ha insistido en que “no está permitido el uso de la violencia en nombre de la religión. Miles de personas no tienen derecho a decidir la suerte del país. Todos los partidos políticos y religiosos deben presentar sus peticiones respetando el Estado de derecho”. El Consejo pide “una acción fuerte contra las fuerzas que incitan a la violencia sectaria. Tahur ul-Qadri y Imran Khan deberían tener piedad de mujeres, niños y ancianos, dejándoles volver a casa. Es necesario tutelar la estabilidad en Pakistán”.

Channan afirma: “La situación actual en Islamabad e muy crítica. Con los ulema hemos subrayado la urgencia de una solución pacífica que siga la vía del diálogo y el respeto supremo a la Constitución de Pakistán”. “Todos nosotros, cristianos y musulmanes –explica a Vatican Insider– hemos contribuido a crear este país y hemos hecho sacrificios a favor de su independencia. Hoy estamos llamados a desarrollar un papel para garantizar su estabilidad y progreso. Las minorías religiosas están muy preocupadas por esta crisis. Cada día rezamos en nuestras iglesias para que se den pasos concretos hacia la reconciliación nacional”.  

Según el dominico, “el peligro de una guerra civil, e incluso el riesgo que los militares tomen el poder, es real. Por tanto, es esencial que las partes puedan llegar a un acuerdo: la solución política es la única vía posible. Como líder, el punto en el que estamos plenamente de acuerdo cristianos y musulmanes es que la democracia no puede y no debe descarrilar de nuevo en Pakistán”.

Fuente Vatican Insider

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Publicado el 27 agosto, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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