Las Huellas de la palabra.

Ponente 2 con publicoEl Profesor Ricardo Castañón Gómez es un médico boliviano que se convirtió después de los 40 años de edad gracias a sus estudios científicos. Hoy es un católico que entre otras cosas dicta conferencias sobre los “Milagros Eucarísticos”, y sobre la importancia de las relaciones humanas cordiales.

Se presentó en la Parroquia de Santa Cruz del Monte, en Naucalpan, Estado de México el pasado día jueves ante una audiencia de aproximadamente 400 personas, quienes cubrieron una cuota de $30 pesos que a todas luces resultó simbólica, debido a la gran calidad de la charla de este médico sudamericano.

El anfitrión de la charla y párroco de la Iglesia mencionada, Monseñor Víctor Sergio Mercado Pimentel,  hizo la presentación del ponente y agradeció a los asistentes su participación y dio paso a la charla.

El profesor Ricardo Castañón inicio su intervención pidiendo a los presentes  recordar que todos los seres humanos estamos llamados a la santidad, la cual es una “vocación natural” del ser humano.  Indicó que para llegar a la santidad es necesario que las personas seamos capaces de imitar comportamientos sanos y adecuados. Pero para que las palabras de quienes tienen un mensaje de amor y fe penetren en el cerebro se requiere que el cerebro las entienda.

Por lo anterior, recordó que las pautas de conducta de los individuos tienen mucho que ver con las palabras e historias que oyen y observan. Los modelos de comportamiento inician por imitar, por ejemplo a la TV, que insistentemente envía mensajes no sólo a los ojos del telespectador, sino al cerebro mismo, dejando una huella en las neuronas de quien las recibe.

La palabra que se recibe y asimila en el cerebro humano deja una huella -como una marca de una quemadura- en el cerebro. Esa marca puede ser positiva o negativa. Es decir, la palabra que escuchamos produce un efecto físico en los humanos. A medida que la palabra que escuchamos es de afecto, cariño, atención y amor la huella que se va dejando nos es benéfica, pero en la medida que esa palabra es de alto volumen, a base de gritos, hiriente, grosera e impositiva produce una marca muy fuerte en el cerebro humano, principalmente en niños y jóvenes.

Por lo anterior, el profesor Castañon Gómez pide revisar nuestra forma de hablar y comunicarnos, recordándonos que la palabra tiene un gran impacto en el cerebro y en consecuencia en la vida presente y futura de quienes nos escucha. Hay que entender que si la palabra es menos importante que el silencio no hay que decirla. Más vale guardar silencio que agredir con las palabras.

Con elementos gráficos ilustró como las palabras agresivas tienen mayor efecto que incluso el dolor físico. Es menos molesto un pinchazo en el dedo que la advertencia amenazadora de “te voy a pinchar el dedo”.

Sufre más el joven con la amenaza, el grito y la presión psicológica que producen las palabras agresivas que con un golpe. Por ello recomienda a papás y maestros cuidar las palabras y la forma en que tratan y corrigen.

La recomendación es utilizar palabras positivas para atenuar el dolor y las huellas negativas que hemos causado.

A través de videos y fotografías mostró al público asistente como las neuronas al comunicarse entre sí, no tienen contacto físico, siendo que más bien la comunicación se da por medio de impulsos eléctricos que se lanzan unas a otras.

Con estos ejemplos dejó muy claro como las palabras dejan una huella “física” y emocional que condiciona nuestra conducta.

Señaló, también, que en esta batalla entre el efecto de las huellas positivas y negativas terminan triunfando aquellas palabras que a la larga terminan siendo mas “coherentes”, mas constantes. Vivir con gritos, groserías y amenazas puede llegar a ser la constante. Pero también puede y debe ser la constante la palabra y el gesto que apoya, se conmueve, se contagia del prójimo. Lo más coherente y constante será la que al final del día gane la batalla.

En ese sentido presentó el ejemplo de Jesús, el cual tuvo palabras de coherencia y de amor infinito a los hombres. Jesús tenía y tiene palabras que curan.

Para finalizar, el Profesor Ricardo Castañon señaló que a diferencia de la teoría de Freud que decía que el trauma perdura, ahora se ha demostrado que el trauma no es vitalicio, sino que se cura, que las huellas se pueden cambiar en la medida que nos comportemos de nuevas formas, que  ejercitamos virtudes. “A medida que nos comportamos de nuevas formas, las huellas buenas van borrando las huellas malas”. No está de más un abrazo y un apapacho.

Por último señaló: “No se cansen de hablar con sus seres queridos, querer a sus hijos, de darle la mano a sus esposas, de hablar con su abuelos, eso genera impulsos eléctricos positivos en el cerebro”.

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Acerca de vocescatolicas

Este es un blog que pretende difundir el acontecer en el mundo católico. Blogeamos "Desde algún lugar de la Diocesis de Tlalnepantla" para el mundo, a fin de que se escuchen las voces y noticias del mundo católico

Publicado el 30 noviembre, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. jonathan aguirre misionero claretiano

    Para mi como futuro sacerdote es una alegria poder contar con estas paginas wet que me ayudan a mi formacion que DIOS LOS BENDIGA Y QUE SIGAN LLEVANDO EL MENSAJE DE LA PERSONA DE CRISTO A TODO EL MUNDO CATOLICOS Y NO CATOLICOS AMO A MI IGLESIA CATOLICA

  2. jonathan aguirre misionero claretiano

    DIOS A CADA UNO NOS TIENE UNA MISION Y UNA VOCACION QUE CADA UNO PODAMOS VER CUAL ES NUESTRA VERDADERA VOCACION A QUE HEMOS SIDO LLAMADOS

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