Homilia de Don Carlos Aguiar Retes. Obispo de Tlalnepantla


Texto tomado de la página de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Homilía Domingo XIV del tiempo ordinario.

¿Qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues salió esta cizaña?

Con esta parábola, Jesús no solamente nos enseña el dinamismo y la fuerza del reino de Dios que Él hace presente a través de su persona, sino también nos explica el contexto en el cual el reino de Dios se va moviendo, la gran explicación acerca de la presencia del mal.

A todos nosotros en algún momento de nuestra vida nos consterna, nos sorprende, nos hace una pregunta: ¿Por qué sucede tanto mal en el mundo?, y sobre todo cuando ese daño que se percibe no es simplemente el resultado de un desastre ecológico, por las fuerzas de la naturaleza, que es mas explicable a través de la ciencia lo que pasa, sino el daño humano directamente inferido por otro ser humano. ¿Por qué tanto daño? Esta parábola nos da la explicación; Dios sembró buena semilla pero -como dice la parábola- el amo le respondió a quien le hace esta pregunta a uno de sus trabajadores, de seguro lo hizo un enemigo mío, Dios ha sembrado buena semilla, pero de seguro lo hizo un enemigo mío. Aquí comienza la explicación ¿Dónde está ese enemigo?.

A través de la tradición de la Iglesia lo hemos identificado como el demonio, el diablo, pero ese diablo se personifica; ¿Por qué? Porque un ser humano se vuelve contra otro ser humano, o un conjunto de personas se organizan como delincuencia y atacan a una persona o a un grupo de personas, eso es malo, es el mal, eso es el diablo, es una expresión del mal, que se personifica en concretos seres humanos, sin negar la existencia de un ser espiritual que es el demonio, también el hombre se vuelve demonio contra los hombres; ¿Por qué? Porque en esta tierra donde ha sembrado la buena semilla Jesús, aparece la cizaña, es decir la libertad del ser humano con la que nos ha creado Dios es para optar, es para decidir, es para tomar una decisión, estamos hechos para generar el bien, para construir la paz, para edificar la fraternidad, éste es el proyecto de Dios. Sin embargo como nos ha hecho libres, no podemos ser como los animales, lo animales siempre cumplen por instinto todo para lo que fueron hechos, no se salen del ciclo, hormigas, abejas y todos los animales del planeta desde siglos como no lo narran algunos poetas muy antiguos como Virgilio, hacen lo mismo una y otra vez, y hacen las cosas que les corresponden hacer, el ser humano no, el ser humano pueden distorsionar, puede irse en contra de esa buena semilla que está sembrada en nuestro corazón.

Por una parte esto explica el mal, pero ¿por qué tanta paciencia de Dios? ¿Por qué no destierra esa cizaña de una vez? ¿Por qué no va apagando por ejemplo, con la muerte a cada ser humano que se revela en contra del proyecto de Dios y actúa dañando a los demás? ¿Por qué no interviene? ¿Por qué no actúa? Nos dice la parábola, no sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo, con esto nos explica que esta presencia del bien y del mal, van de la mano y que están dentro de nuestro propio corazón es decir, no hay que pensar que hay personas: buenas, buenas buenas, y personas malas , malas, malas; como nos hacen los cuento de niños de las historietas, no hay personas malas, pura cizaña, ni hay personas de puro trigo, es un lucha interior que cada ser humano realiza en su corazón; todos nosotros tenemos tendencias, tanto para el bien, como para el mal, y revisen cada uno de ustedes lo pueden constatar en su propia experiencia; ¿cuántas veces no somos tentados a hacer un mal pensando que es un bien para mí?, ¿Cuántas veces hemos tenido que superar esas tentaciones? ¿Cuántas veces también han surgido en mi, cosas buenas? pero que luego no me atrevo a ejecutar, porque me da miedo, porque pienso en las consecuencias, porque no se qué va a resultar de lo que yo haga.

Aquí descubrimos pues esta lucha interior, que desde que tomamos conciencia estará presente en nuestra vida, el trigo y la cizaña, están en cada una de las personas, pero además es nuestra lucha que crezca el trigo, más que la cizaña, aquí está el arte del buen discípulo de Cristo, en esa lucha nos ayuda -como dice la primera lectura- la enseñanza la doctrina de Dios a través de la biblia, de la palabra de Dios, porque ella nos hace descubrir lo que realmente es bueno, nos hace discernir, que es para el bien y que es para el mal.

Como nos dice al final del texto de la primera lectura, has llenado a tus hijos, de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para qué se arrepienta, es decir, en esta lucha que debemos de hacer no podemos equivocar y de hecho nos equivocamos muchas veces, pero esa equivocación puede ser redentora, si tomamos conciencia de que hemos dejado crecer la cizaña en el corazón, por eso está, a lo largo del historia y a lo largo del tiempo de una persona, de su vida esta lucha entre el trigo y la cizaña, no podemos darnos nunca ni por vencidos ni tampoco podemos dar de que ya obtuvimos la victoria, sino que será al final de nuestra vida y por ellos es tan importante, lo que dice la segunda lectura la necesidad del espíritu, del espíritu de Dios, porque el espíritu de Dios, está presente en nuestro corazón pero está presente -como, nos dice la segunda parábola, que hemos escuchado hoy-, como la más pequeña de las semillas, casi imperceptible, no nos damos cuenta, es muy sutil porque respeta nuestra libertad pero está presente el espíritu de Dios en nuestro corazón; es como esa pequeña semilla de mostaza que luego crece y es capaz de cobijar a los pájaros, es decir, crece y entonces hace crecer nuestro trigo y nuestra persona se convierte en un ser capaz de acoger a otros, no solamente los buenos que van logrando más trigo sino también de comprender, acompañar y conducir a la conversión a los que han sembrado en su corazón la cizaña.

Esta es la labor de la Iglesia, el acompañamiento para ayudarnos en esta lucha espiritual que se da en el interior de nosotros, luego cuando nos ponemos en común, -como dice la tercera parábola-, nos convertimos en levadura cuando nosotros vamos ya dando señales de que somos más trigo que cizaña, somos levadura del reino, he influye a la masa y cuando nos asociamos quienes más nos vamos concientizando de que somos levadura influenciamos a nuestra comunidad a nuestra sociedad para el bien, esa es nuestra vocación.

Hoy con esta explicación, con esta lectura de lo que es el reino de Dios, este dinamismo que conduce el espíritu de los discípulos de Cristo, que forman la Iglesia, digámosle a Dios una palabra, por lo menos digámosle, ¡necesito tu gracia! para que crezca más en mi el trigo, para que la semillita de la presencia del Espíritu Santo crezca en mi , para que llegue a ser levadura y pueda yo dar testimonio de que Dios no nos abandona, está presente en este mundo, nos acompaña.

+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla

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Acerca de vocescatolicas

Este es un blog que pretende difundir el acontecer en el mundo católico. Blogeamos "Desde algún lugar de la Diocesis de Tlalnepantla" para el mundo, a fin de que se escuchen las voces y noticias del mundo católico

Publicado el 19 julio, 2011 en Uncategorized y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Muy bonita homilía de Monseñor Carlos Aguiar. Ya la había leído en el sitio de la CEM. Sería bueno que le dieran crédito a las fuentes de donde obtienen su información.

    • Le agradecemos su comentario. Si acostumbramos citar la fuente, si observa las notas que no son producidas por voces católicas verá que siempre citamos la fuente. En este caso hubo una omisión que reconocemos. Gracias por leernos. Editaremos la nota para que se corrija el error.

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