Carta de los Obispos del Estado de México con motivo de las elecciones de Gobernador

“El domingo 3 de julio, los mexiquenses viviremos una importante jornada cívica: las elecciones para Gobernador del Estado, tan importante es este acontecimiento que, de la correcta elección de las autoridades, depende el bienestar y progreso de todos los ciudadanos. Por tal motivo los Obispos de las once Diócesis del Estado, invitamos a todas y todos a vivir los valores de la Democracia, en un ambiente de participación ciudadana, de tranquilidad, de tolerancia y reconciliación, todo ello orientado a la edificación del bien de la sociedad.

Como pastores queremos ofrecer nuestra reflexión tanto a los candidatos como a los electores a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.

Nuestro mensaje consta de tres partes: 1. La situación socio-política. 2. Iluminación desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. 3. Sugerencias para la acción.

I. Situación Socio Política.

Nos preocupa percibir cómo se ha debilitado el tejido social. La fragmentación social, el individualismo y la apatía han introducido, en distintos ambientes de la convivencia social, la ausencia de normas, que tolera que cualquier persona haga lo que le venga en gana, con la certeza de que nadie le dirá nada. Es tan alta la impunidad que actualmente llega al 98%; ya que de cada 100 delitos que se denuncian en México, sólo se resuelven entre dos y tres[1].

Pasamos por una crisis de moralidad, por la ausencia de principios y valores que se manifiesta en incumplimiento de algunas leyes, en la falta de respeto y apoyo a la vida, así como a la integridad de las personas, favoreciendo la mentira y la corrupción[2].

Por otra parte constatamos en nuestra patria un avance en los procesos electorales. Según datos del Instituto Federal Electoral, para la elección del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en el 2006, de un total de9,155.396 de electores en el  Estado de México, el 62.27% participó en el proceso electoral. Sin embargo es necesaria una democracia, más participativa basada en la promoción y respeto de los derechos humanos. Una democracia sin valores se vuelve fácilmente una dictadura y termina traicionando al pueblo[3].

Como afirmamos en nuestra Carta Pastoral escrita con motivo del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, hay cosas nuevas que marcan nuestra historia y que nos llenan de esperanza, como: la conciencia del valor de los derechos humanos, la preocupación por las minorías, el desarrollo de la mujer, el cuidado del medio ambiente. Sin embargo, existen nuevos desafíos que brotan de ideas y proyectos que lastiman la dignidad humana, como el abuso de la integridad física de embriones humanos, la destrucción del medio ambiente, la falta de vigencia del estado de derecho, la creciente pobreza y la falta de una maduración adecuada de nuestra incipiente democracia[4].

Ha habido un crecimiento de la violencia que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros y, lo que es más grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor a las familias y a la sociedad entera[5]. Han crecido el crimen organizado y el narcotráfico, que han traído también varias pérdidas humanas, así mismo ha crecido la violencia intrafamiliar[6].

Muchos ciudadanos abdican de su deber de participar en la vida pública. La crisis económica que estamos viviendo ha privilegiado el lucro y la concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, lo que ha producido marginación y exclusión de muchos seres humanos; hoy nos encontramos muchos rostros sufrientes de niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, muchos jóvenes que viven bajo el flagelo de las drogas, los ancianos excluidos del sistema productivo y de su familia, la situación en que viven los presos, etc.[7].

I.  Iluminación en el Marco del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.

Los Obispos de la Iglesia Católica, que no nos identificamos con ningún partido político, ofrecemos a los ciudadanos católicos y a los hombres de buena voluntad los principios y criterios que brotan del Evangelio, para que ellos, con plena libertad, decidan de manera responsable sus opciones políticas[8].

a)  Importancia de la Democracia.

La Iglesia Católica “aprecia el sistema de la democracia en la medida que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”[9].

b)  Nobleza de la Política.

La política es una de las actividades más nobles en el servicio de los demás, ya que expresa de modo concreto el compromiso efectivo por el bien de toda la comunidad.

El objetivo de la comunidad política es impulsar el logro de una vida más plena, personal y social, de todos y cada uno de los ciudadanos; esto es, procurar el bien común.

c)  La autoridad Política.

“Toda autoridad viene de Dios” (cf. Rom. 13,1). Hemos de reconocer que, si bien el poder de los gobiernos temporales (“el Cesar”) no puede identificarse con el de Dios, la expresión de la voluntad del pueblo es señal de que las autoridades así constituidas legítimamente, merecen respeto y obediencia en todo lo que no contradiga la dignidad humana integral[10]. Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las naciones (Cf. Mc 10, 42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (Cf. Lc 22, 25), pero jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo.(Cf. Ro 13, 1; 1Pe 2, 13).

La oración por los gobernantes, recomendada por San Pablo durante las persecuciones, señala explícitamente lo que debe garantizar la autoridad política, una vida pacífica y tranquila, que transcurra con toda piedad y dignidad (cf. 1Tm 2, 1-2).

d)  Importancia del voto.

“El abstencionismo es señal inequívoca de subdesarrollo democrático”. Renunciar al derecho al voto equivale a entregar el país a los criterios a veces no correctos de unos cuantos; por eso, todo ciudadano tiene obligación moral de votar.

El instrumento ciudadano para las elecciones es el voto. Un derecho y una obligación que debe ejercerse con responsabilidad. Este voto debe ser personal, secreto, libre, consciente y razonado. Hemos de tener en cuenta los siguientes criterios fundamentales:

El voto no debe inducirse a cambio de dádivas o de ofrecimientos de beneficios posteriores.

El voto no debe comprarse ni venderse.

El voto tampoco debe ser “corporativo”, es decir, no puede ser comprometido por los líderes, los sindicatos o alguna otra agrupación.

El voto no debe obtenerse por presiones o por amenazas de represalias.

El voto no debe condicionarse.

Votar responsablemente exige conocer y valorar los programas políticos de los partidos, individualmente o en coalición, así como ver la capacidad y prestigio moral de cada candidato: Su calidad humana, su experiencia en asuntos públicos, su capacidad de liderazgo, su honradez, su vida íntegra familiar y social, el respeto por los derechos humanos, especialmente la vida, desde su fecundación hasta la muerte natural[11].

De igual forma, es importante conocer lo que proponen los candidatos respecto a los asuntos fundamentales de la comunidad.

e)  Los Partidos Políticos.

Los partidos políticos tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas, los partidos están llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil orientándolas al bien común[12].

f)    Los Medios de comunicación.

Los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, por la influencia que ejercen en la opinión pública. Por esta razón, en la difusión de la comunicación, deben seguir el criterio de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. ”Los responsables de la comunicación deben mantener un justo equilibrio entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos de los particulares”[13].

II. Sugerencias para la acción.

Queremos terminar este mensaje sugiriendo algunas acciones que orienten a la ciudadanía sobre la importancia de las elecciones.

–     Impulsar una cultura de la democracia que consiste en vivir los valores (igualdad, dignidad humana, justicia, autoridad, obediencia, libertad, verdad) en nuestras familias, en las Parroquias y en nuestras Diócesis; éstos van más allá de emitir un voto en favor de un candidato; esto significa hacer de la democracia un estilo de vida.

–     Desde la Iglesia, nos comprometemos a apoyar la participación civil responsable en la reorientación y rehabilitación ética de la política.

–     En cada comunidad conviene elaborar materiales y organizar talleres, foros, seminarios o cursos inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente el capítulo VIII del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

–     Que todos los fieles laicos traten de participar en la vida política, “los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”[14].

–     Formar a los laicos de nuestras comunidades para que tengan incidencia significativa en el ámbito político.

A todos los candidatos que han sido postulados, los invitamos a ser testigos de los valores y principios éticos democráticos: la verdad, la justicia, el honor y la transparencia, ya que esto devolverá a la política su nobleza y al pueblo la credibilidad en sus gobernantes.

Nos unimos a los ciudadanos del Estado de México, y los invitamos para que juntos hagamos de este ejercicio de participación ciudadana una verdadera fiesta electoral, que no perdamos el tono festivo que nos caracteriza, aún sabiendo que las preferencias electorales son diversas. Que por encima de todo, sean los habitantes de nuestro Estado, los que ganen con estas elecciones.

Encomendamos a nuestra madre Santísima de Guadalupe nuestra jornada electoral, e invitamos a todos a orar por nuestra Patria, para que todos los mexicanos colaboremos, y así logremos que en Cristo nuestra Paz, México tenga vida digna. Que Dios los bendiga a todos Ustedes.

20 de marzo de 2011.

Atentamente sus Hermanos en Cristo,

 

+ Ricardo Guizar Díaz.
Arzobispo Emérito de Tlalnepantla.

+ Onésimo Cepeda Silva.
Obispo de Ecatepec.

+ Guillermo Ortiz Mondragón.
Obispo de Cuautitlán.

+ Héctor Luis Morales Sánchez.
Obispo de Netzahualcóyotl.

+ Francisco Javier Chavolla Ramos.
Obispo de Toluca.

+ Maximino Martínez Miranda.
Obispo de Ciudad Altamirano.

+ Raúl González Gómez.
Obispo de Tenancingo.

+ Francisco Ramírez Navarro.
Obispo Auxiliar de Tlalnepantla.

+ Víctor René Rodríguez Gómez.
Obispo Auxiliar de Texcoco.

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Este es un blog que pretende difundir el acontecer en el mundo católico. Blogeamos "Desde algún lugar de la Diocesis de Tlalnepantla" para el mundo, a fin de que se escuchen las voces y noticias del mundo católico

Publicado el 22 mayo, 2011 en Uncategorized y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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